Hoy he quedado con mis amigas de siempre porque a algunas de ellas no las veré hasta Navidad. Hemos estado tomando café y me he dado cuenta que aunque cada una piense de una forma, o tenga unos intereses diferente a los mios, siempre se hecha unas risas.
Las cosas han ido cambiando poco a poco, y aunque las mismas personas con las que has bailado las "Spice Girls" en el colegio sigan su rumbo, siempre sienta bien pasar un rato juntas.
Echando cuentas, hace unos 18 años que mis amigas y yo llevamos unidas. No siempre ha sido así. De vez en cuando hemos tenido nuestras peleas y rivalidades, que siempre han sucumbido en reconciliación o simplemente olvido. Aún así, no cambiaría ningún día de esos 18 años. Aprendes a confiar en los demás y, lo que es más importante, hacer que confien en tí.
Desde que cada una tiró para una punta de España para alcanzar su sueño, las cosas han ido cambiando. No había llamadas, no había mensajes, ni noticia alguna sobre las demás. Pero aún así, cuando coincidiamos en Sanlúcar, parecía que el tiempo no había pasado. Al despedirnos, se habría un parentesís que se cerraba al volvernos a encontrar. Las mismas bromas, los mismos chistes, las mismas historias.
Creo que al haber crecido juntas, nos ha hecho compartir experiencias. Experiencias que ahora son recuerdos y que nos gusta tanto recordar porque nos devuelven a nuestar infancia. Recueros que hacen sonrojarnos de las locuras que hacíamos de pequeñajas.
Me encantan esos momentos. Tomar un café a la vez que retrocedes en el tiempo.


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